Entrevista con Abdulaziz Ramadan | El Desconcierto – Chile

Por Meritxell Freixas / 13.04.2017 @MeritxellFr / El Desconcierto

Foto: Adeline Bruzat

Una mirada que también comparte el activista sirio Abdullaziz Ramadan, quien salió de Siria tras los primeros meses de protestas y se instaló primero en Turquía y luego en Alemania. “Las protestas no eran en contra de Al-Asad como presidente, eran para conseguir reformas”, asegura. Y añade: “Se levantó un movimiento civil pero a los seis meses se instaló una cultura de la violencia. Muchos activistas y estudiantes fueron arrestados sin motivo por el Ejército y las fuerzas secretas de seguridad”.

Foto: Adeline Bruzat

Uno de ellos fue un amigo de Jamal: “Lo mataron en la cárcel. Él estudiaba medicina y lo metieron preso porque se dedicaba a curar a la gente herida en las marchas. Lo torturaron y lo quemaron. Después mandaron su cadáver calcinado a sus padres. Era irreconocible”, describe aún consternado.

A pesar de que el pueblo sirio inicialmente sólo reclamaba sus derechos, la represión del oficialismo alertó a la gente de que no iba a ser tan fácil y pidieron la caída del régimen, que se caracteriza por ser el último que queda representando los nacionalismos árabes de los años 50, y además es laico.

La sociedad civil es el único poder que ha existido siempre durante el conflicto y ha jugado un rol fundamental hasta ahora. La intensidad del conflicto y el hecho de que muchas ONG no pudieran entrar al país provocó que las organizaciones se profesionalizaran muy rápido, pasando de simples grupos de gente en las calles hasta organizaciones muy estructuradas”, señala Abdullaziz Ramadan, quien desde el extranjero levantó una organización de estudiantes y activistas para apoyar a las personas de las zonas en conflicto.

El activista explica que desde 2013 el conflicto dejó de ser del pueblo sirio para convertirse en un asunto internacional: “Nosotros hoy sólo somos las víctimas, los que pagamos la factura”, espeta. “Los combates podrían haberse acabado en 2012 si ellos hubieron querido”, asegura Ramadan, en referencia al avance del conflicto de aquel año, cuando entró a las ciudades de Damasco y Alepo y también contó con los primeros apoyos desde Teherán y los chiíes. Luego pasó a ser global con la injerencia de los países regionales (Irán, Arabia Saudí, los chiíes de Hezbollah en Líbano) y las potencias internacionales (Rusia, Estados Unidos y sus aliados), y bajo la forma de guerra civil dentro del país.

Hoy los combates en suelo sirio se perpetran escala mundial, con Moscú y Washington protagonizando su eterno gallito a través del conflicto en la región. “Los cambios de actitud de Donald Trump sobre Siria no tienen que ver con el pueblo o con el régimen de Bashar Al-Asad. Son mensajes que envía a su opositor internacional, Rusia, a través de nuestro país, usándonos”, apunta el dirigente social. Lejos del discurso victimizador, Ramadan agrega: “Todo el pueblo sirio lo sabe, incluso los que no han ido a la escuela entienden los juegos políticos que hay detrás”, dice.

Para él, el final del conflicto llegará “cuando las grandes potencias dejen de luchar entre sí porque entonces Siria también dejará de luchar y podría llegar a una transición política”. Y agrega: “No será posible tener una sola Siria de nuevo si no aceptamos incluir a todos los actores en este proceso: los kurdos sirios, algunos agentes de la oposición y el régimen”.

 

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